Como punto de partida encontramos una construcción de dos alturas inmersa en medio de dos bloques de vivienda. En planta baja existe una vivienda oscura y excesivamente compartimentada, en el volumen superior, construido con posterioridad, un almacén.
El propietario, un editor jubilado, aborda la transformación de la vivienda familiar en una casa-estudio que da respuesta a sus necesidades actuales. En primer lugar, se eliminan los elementos impropios que han ido colonizando el patio a lo largo de los años, con el objetivo de otorgar el máximo protagonismo en el espacio exterior, atraer la luz solar y favorecer la ventilación natural. A partir de aquí, se materializa una intervención exclusivamente en planta baja con dos zonas independientes: el ámbito doméstico vinculado en la calle y el estudio, aislado y encajado a la banda posterior del patio.
Tanto la tipología constructiva, como los materiales empleados, recurren a soluciones tradicionales, que aprovechan y valoran los medios del lugar. Muros de carga con forjado de vigueta y bovedilla, hierro, cerámica, madera… materiales sencillos y sinceros, que no les gusta aparentar aquello que no son, se despliegan por toda la casa. La vegetación llega al patio como un material más para apropiarse del espacio y dotarlo de vida: un fresno de flor, plantas aromáticas y enredaderas se instalan y tapizan las medianeras.
Una vez adaptada, la casa acoge de nuevo sus puertas de madera, las antiguas cómodas, la cama de la madre y un buen puñado de objetos que convivirán con los recién llegados para generar un espacio que se reinventa y acompaña la evolución de sus habitantes.